miércoles, 20 de noviembre de 2013

Siempre a tu lado.

PARTE 3:
No puedo evitar llorar mientras leo la nota que venía con esas rosas, por ello es por lo que dejo de leer para no estropear la nota.
Respiro hondo y me seco las lágrimas con un pañuelo de papel perfumado. Ya estoy más tranquila.
Sigo leyendo.
"¡Buenos días, enana!
Hoy estoy feliz, muy feliz. ¿Sabes por qué? Porque en tan solo unas horas volveré a estar a tu lado. Además, tengo una sorpresa para ti que sé que te encantará. ¿Nerviosa por saber qué es, o no? Sabes que sí. Te conozco muy bien cómo para saber que estás deseando conocer la sorpresa, Cris.
¿Sabes otra cosa? Te quiero como el primer día, mi amor por ti jamás se apagará.
Te mando muchísimos besos que, luego, te daré lentamente para torturar tu cuerpo.
Te quiere: Lucas.
PD: Cuenta las rosas."
Antes ya estaba segura de que tenía al mejor novio del mundo pero, ahora, lo estoy todavía más. Es un ángel caído del cielo y lo amo con toda la fuerza que me permite mi corazón.
Guardo la nota entre las rosas y me lleno de su dulce olor. Siempre me ha gustado el olor de las rosas. Entonces, me acuerdo de lo que ponía el final de la nota, y cuento las rosas. Siete rosas. ¿Por qué siete y no doce? Ahora mismo no entiendo el significado de ello pero, en unas horas, lo entenderé todo...

Siempre a tu lado.

PARTE 2:

Pulso el botón del ascensor y espero a que llegue mientras planteo en mi cabeza cómo será el día de hoy.
Entro en el ascensor y espero pacientemente a que llegue a la planta baja, el portal.
Salgo del edificio y camino rápidamente hacia mi coche que está a unos cuantos metros. Entro en él e introduzco la llave en el coche para arrancar. La radio se enciende y me acompaña en el breve trayecto hacia la oficina donde trabajo.
-Buenos días - saludo a todo el mundo a medida que me voy cruzando con ellos, y entro en mi pequeño despacho. Me quito la ropa que me sobra ya que aquí hace calor y me siento en mi escritorio para encender el ordenador. Saco los papeles que necesito para continuar con mi trabajo mientras el ordenador se va encendiendo y saco mi estuche con mis bolis.
Comienzo a tomar nota de las ideas que se me vienen a la mente en cientos de posits que voy pegando en la cochera que tengo a mi lado.
Tras varias horas de trabajo, alguien me interrumpe llamando a la puerta.
-Adelante.
La puerta se abre y aparece Blanca, la secretaría, con un ramo de rosas rojas.
-Hola Cris, siento molestarte pero me han traído esto para ti - me dice entrando a mi despacho sonriente.
-¿Para mí?
-Sí, para ti.
-¿Y no sabes quién me lo manda?
-No me han dicho nada, pero vienen con una tarjetita.
Sonrío y busco la tarjeta. La abro y leo.
-Es él - susurro.
-Te dejo que lo leas tranquila porque, más quisiera yo que tuvieran un detalle así conmigo.
Me río ante su comentario y me enfrasco en lo que pone esa nota...

Siempre a tu lado.

PARTE 1:
Me despierto perezosamente y apago el despertador.
"Hoy es lunes" - pienso.
Me encantan los lunes ya que empieza una nueva semana y puedo volver a verle.
Me quito rápidamente las mantas de mi cuerpo y me levanto con rapidez para envolverme en la bata ya que estamos en pleno invierno y hace mucho frío.
Voy tiritando hasta la cocina y muevo la ruleta del termostato para que aumente el calor de este pequeño apartamento.
Desayuno algo ligero ya que no soy de esas personas que se atiborra en los desayunos, y me vuelvo a la habitación para elegir la ropa que hoy voy a ponerme y, después, meterme a la ducha.
Opto por ponerme unos pitillos negros junto a un jersey de lana blanco, una básica de manga larga negra y unos botines de mediano tacón negros.
Camino hasta el baño y me doy una ducha rápida ya que ando justa de tiempo. Me visto y, a continuación, me seco y plancho el pelo. Me maquillo un poco ya que no me gusta ir muy maquillada y vuelvo a la habitación.
Me pongo mi chaquetón negro y la bufanda blanca, y cojo mi bolso blanco. Reviso que tengo todo listo y salgo de casa para ir al trabajo tras mirarme una última vez en el espejo...

domingo, 20 de octubre de 2013

Verano en tu corazón.

PARTE 16:
Te envuelve entre sus brazos cada vez con más fuerza hasta que te sientes completamente protegida del mundo.
-Te quiero, Lorena.
Inclinas la cabeza hacia un lado y observas cómo te mira. Tiene su cabeza apoyada en tu hombro, con lo cual, se acerca lo mínimo hacia ti y te besa lentamente.
Sientes cómo tu corazón se detiene al igual que el tiempo. Quieres que ese beso jamás termine, que sea eterno.
¿Qué te está pasando? Te preguntas. Es el mismo sentimiento que meses atrás sentías pero, ahora, con más intensidad. Sientes un verano en tu corazón.
Os separáis y sonríes como tonta al ver cómo te sonríe. Es precioso. Te ríes con esa risa de tonta que te sale cuando estás nerviosa y él se ríe contigo.
-No te rías, tonto - dices dándole un pequeño golpe en el hombro. Sigue riéndose y miras hacia otro lado ya que te sientes avergonzada. Te coge cuidadosamente por la barbilla para hacer que le mires y, con una amplia sonrisa en la cara, se acerca a ti y vuelve a besarte. Sonríes en mitad del beso y él lo hace también. Pequeños detalles que te enamoran.
-Te quiero - susurras.
[...Fin...]

Verano en tu corazón.

PARTE 15:
-¿Vamos? - Te dice señalándote la puerta con la cabeza. Asientes sabiendo que en cuanto bajes tendrás que enfrentarte a él ya que te preguntará por qué estás enfadada con él.
Bajas las escaleras lentamente hasta posar tus pies sobre el suelo.
Ahí está, mirándote angustiado.
-¿Estás bien, Lorena?
Ignoras su mirada y sus palabras, y ayudas a terminar de bajar a tu geme.
-¿Nos vamos a casa? - preguntas ya que de lo único que tienes ganas es de perderte bajo las suaves sábanas de tu cama y desahogar todos tus sentimientos sobre la almohada. Comienzas a andar lentamente hasta que sientes que te alcanzan pero, sin previo aviso, alguien te agarra fuertemente del brazo para girarte. Él, cómo no.
-Tú no te vas a ningún lado hasta que no me digas qué es lo que te pasa conmigo.
-Suéltame - dices cortante mientras intentas deshacerte de él sin éxito alguno.
-No hasta que no me lo digas.
-¿Tanto te importa?
-Sí.
-Claro. Y pretendes que te crea, ¿no?
-¿Por qué no ibas a creerme?
-¿De verdad me lo preguntas?
-Sí, te lo pregunto.
-Ahora, cuando me ves destrozada es cuando vienes a preguntarme qué es lo que me pasa. Claro, como ya no tienes a la guarra esa ocupando tu primer plano, te preocupas de mí.
-¿Qué coño estás diciendo?
-Lo que oyes, Víctor. No te hagas el tonto. ¿Qué quieres que te quite yo el calentón que te ha dejado esa? ¡Pues vas por mal camino porque yo no soy ninguna fresca!
-Cállate y piensa lo que dices, por favor.
-¡No! ¡No me da la gana! ¡Estoy harta de ti y de tus es...!
Entonces, sientes sus labios sobre los tuyos ahogando tus gritos y, sin saber por qué, le apartas de ti furiosa dándole un cachete. Se lleva la mano a la mejilla sobre la que segundos antes ha impactado tu mano y es cuando realmente eres consciente de lo que acabas de hacer.
Dejas que tu cuerpo caiga al suelo como si fuese una pluma y tapas tu cara con tus manos para que no te vea llorando.
Piensas en lo gilipollas que acabas de ser al darle ese cachete ya que, ese beso, era algo que llevabas deseando desde que le conociste.
Entonces sientes su brazos envolviéndote fuertemente y, acto seguido, sientes su aliento en tu cuello.
-No llores, preciosa.
Y con ello, lo único que consigue, es que tu llanto aumente...

Verano en tu corazón.

PARTE 14:
Respiras profundo contestas intentando parecer tranquila.
-Geme.
-¡Lorena! - grita él.
-¡Cállate! No quiero hablar contigo.
-¿Por qué no?
-Víctor, calla. Geme, ¿puedo subir?
-Sí.
Al cabo de unos segundos la ves aparecer por el hueco de la puerta. Sabes que está preocupada por ti, aunque intente ocultarlo, ya que su rostro la delata.
-¿Estás bien?
-Sí.
-Lore, no me mientas. Solo hay que mirar tus ojos para ver lo jodida que estás.
-¿Y qué quieres que haga, Alicia? Prefiero tirarlo todo por la borda y sufrir ahora que cuando sea más tarde.
-¿Le has visto? Está preocupadísimo por ti.
-Lo único que he visto ha sido a esa guarra zorreando con él.
-¿Y...?
-Él le siguió el juego...
Tu voz se quiebra al volver a recordar todo y tus ojos rompen la presión dejando caer libremente las lágrimas por tu rostro.
-Ey, cariño, no me llores.
Te abrazas a ella con toda la fuerza que puedes y dejas que te consuele como si de una niña pequeña te tratases. ¿Qué harías sin ella? Nada.
-¿Mejor?
-Sí...
-Bien, solo falta una cosa...
-¿El qué?
-Que sonrías.
-No tengo fuerzas para sonreír.
-¿Ah no? Pues ahora verás.
Y acto seguido, se lanza sobre ti y comienza a hacerte cosquillas.
-¡Para! ¡Alicia, para!
-¿Por qué debería de hacerlo?
-Me haces daño.
-Ya, ya...
-Va en serio, tonta. Mira.
Apartas la manta y le enseñas tus rodillas.
-Dios mío... Ven, que te curo un poco.
Dicho y hecho. Coge un pañuelo de su bolso y lo moja con un poco de agua para limpiar cuidadosamente tus rodillas. Observas cómo poco a poco va curando tus heridas y sonríes. Entonces es cuando te mira y te devuelve la sonrisa.
-¿Qué pasa? - te pregunta.
-Se nota que te gusta lo que haces, solo eso.
-Dentro de unos años seré tu médica particular, ya lo verás.
-Pues seré la chica más afortunada del mundo.
Y, así, sonreís las dos como tontas mientras os abrazáis...

Verano en tu corazón.

PARTE 13:
Corres por las calles de ese pueblo que guarda miles de momentos buenos para ti sin saber hacia dónde ir. Entonces recuerdas aquel lugar donde solías ir de pequeña, una pequeña casa de madera en un árbol cercano al río que cruza el pueblo.
Las lágrimas te nublan la visión y caes más de una vez al suelo dañándote las rodillas ensangrentadas por el corte con los cristales del vaso.
Subes rápidamente las escaleras que te llevan hasta ese fiel refugio y te acurrucas en una de las esquinas, donde hay un par de mantas pequeñas. Tu escuecen las piernas y gimes rompiendo el silencio de esa oscura noche de verano. Te tapas entera y dejas que las lágrimas caigan cada vez con más fuerza por tu rostro. Cierras los ojos y dejas que el cansancio te lleve a un mundo de sueños felices.
Te despiertas sobresaltada al oír que alguien grita tu nombre. No distingues quién es ya que hay varias voces más hablando.
-Lorena, si estás ahí contesta, por favor.
Callas y miras sigilosamente por uno de los ventanales para comprobar quién está ahí abajo aparte de tu geme. Le ves y sientes cómo tus ojos vuelven a humedecerse, pero no les dejas que suelten ni una sola lágrima.
¿Contestas?...