domingo, 20 de octubre de 2013

Verano en tu corazón.

PARTE 16:
Te envuelve entre sus brazos cada vez con más fuerza hasta que te sientes completamente protegida del mundo.
-Te quiero, Lorena.
Inclinas la cabeza hacia un lado y observas cómo te mira. Tiene su cabeza apoyada en tu hombro, con lo cual, se acerca lo mínimo hacia ti y te besa lentamente.
Sientes cómo tu corazón se detiene al igual que el tiempo. Quieres que ese beso jamás termine, que sea eterno.
¿Qué te está pasando? Te preguntas. Es el mismo sentimiento que meses atrás sentías pero, ahora, con más intensidad. Sientes un verano en tu corazón.
Os separáis y sonríes como tonta al ver cómo te sonríe. Es precioso. Te ríes con esa risa de tonta que te sale cuando estás nerviosa y él se ríe contigo.
-No te rías, tonto - dices dándole un pequeño golpe en el hombro. Sigue riéndose y miras hacia otro lado ya que te sientes avergonzada. Te coge cuidadosamente por la barbilla para hacer que le mires y, con una amplia sonrisa en la cara, se acerca a ti y vuelve a besarte. Sonríes en mitad del beso y él lo hace también. Pequeños detalles que te enamoran.
-Te quiero - susurras.
[...Fin...]

Verano en tu corazón.

PARTE 15:
-¿Vamos? - Te dice señalándote la puerta con la cabeza. Asientes sabiendo que en cuanto bajes tendrás que enfrentarte a él ya que te preguntará por qué estás enfadada con él.
Bajas las escaleras lentamente hasta posar tus pies sobre el suelo.
Ahí está, mirándote angustiado.
-¿Estás bien, Lorena?
Ignoras su mirada y sus palabras, y ayudas a terminar de bajar a tu geme.
-¿Nos vamos a casa? - preguntas ya que de lo único que tienes ganas es de perderte bajo las suaves sábanas de tu cama y desahogar todos tus sentimientos sobre la almohada. Comienzas a andar lentamente hasta que sientes que te alcanzan pero, sin previo aviso, alguien te agarra fuertemente del brazo para girarte. Él, cómo no.
-Tú no te vas a ningún lado hasta que no me digas qué es lo que te pasa conmigo.
-Suéltame - dices cortante mientras intentas deshacerte de él sin éxito alguno.
-No hasta que no me lo digas.
-¿Tanto te importa?
-Sí.
-Claro. Y pretendes que te crea, ¿no?
-¿Por qué no ibas a creerme?
-¿De verdad me lo preguntas?
-Sí, te lo pregunto.
-Ahora, cuando me ves destrozada es cuando vienes a preguntarme qué es lo que me pasa. Claro, como ya no tienes a la guarra esa ocupando tu primer plano, te preocupas de mí.
-¿Qué coño estás diciendo?
-Lo que oyes, Víctor. No te hagas el tonto. ¿Qué quieres que te quite yo el calentón que te ha dejado esa? ¡Pues vas por mal camino porque yo no soy ninguna fresca!
-Cállate y piensa lo que dices, por favor.
-¡No! ¡No me da la gana! ¡Estoy harta de ti y de tus es...!
Entonces, sientes sus labios sobre los tuyos ahogando tus gritos y, sin saber por qué, le apartas de ti furiosa dándole un cachete. Se lleva la mano a la mejilla sobre la que segundos antes ha impactado tu mano y es cuando realmente eres consciente de lo que acabas de hacer.
Dejas que tu cuerpo caiga al suelo como si fuese una pluma y tapas tu cara con tus manos para que no te vea llorando.
Piensas en lo gilipollas que acabas de ser al darle ese cachete ya que, ese beso, era algo que llevabas deseando desde que le conociste.
Entonces sientes su brazos envolviéndote fuertemente y, acto seguido, sientes su aliento en tu cuello.
-No llores, preciosa.
Y con ello, lo único que consigue, es que tu llanto aumente...

Verano en tu corazón.

PARTE 14:
Respiras profundo contestas intentando parecer tranquila.
-Geme.
-¡Lorena! - grita él.
-¡Cállate! No quiero hablar contigo.
-¿Por qué no?
-Víctor, calla. Geme, ¿puedo subir?
-Sí.
Al cabo de unos segundos la ves aparecer por el hueco de la puerta. Sabes que está preocupada por ti, aunque intente ocultarlo, ya que su rostro la delata.
-¿Estás bien?
-Sí.
-Lore, no me mientas. Solo hay que mirar tus ojos para ver lo jodida que estás.
-¿Y qué quieres que haga, Alicia? Prefiero tirarlo todo por la borda y sufrir ahora que cuando sea más tarde.
-¿Le has visto? Está preocupadísimo por ti.
-Lo único que he visto ha sido a esa guarra zorreando con él.
-¿Y...?
-Él le siguió el juego...
Tu voz se quiebra al volver a recordar todo y tus ojos rompen la presión dejando caer libremente las lágrimas por tu rostro.
-Ey, cariño, no me llores.
Te abrazas a ella con toda la fuerza que puedes y dejas que te consuele como si de una niña pequeña te tratases. ¿Qué harías sin ella? Nada.
-¿Mejor?
-Sí...
-Bien, solo falta una cosa...
-¿El qué?
-Que sonrías.
-No tengo fuerzas para sonreír.
-¿Ah no? Pues ahora verás.
Y acto seguido, se lanza sobre ti y comienza a hacerte cosquillas.
-¡Para! ¡Alicia, para!
-¿Por qué debería de hacerlo?
-Me haces daño.
-Ya, ya...
-Va en serio, tonta. Mira.
Apartas la manta y le enseñas tus rodillas.
-Dios mío... Ven, que te curo un poco.
Dicho y hecho. Coge un pañuelo de su bolso y lo moja con un poco de agua para limpiar cuidadosamente tus rodillas. Observas cómo poco a poco va curando tus heridas y sonríes. Entonces es cuando te mira y te devuelve la sonrisa.
-¿Qué pasa? - te pregunta.
-Se nota que te gusta lo que haces, solo eso.
-Dentro de unos años seré tu médica particular, ya lo verás.
-Pues seré la chica más afortunada del mundo.
Y, así, sonreís las dos como tontas mientras os abrazáis...

Verano en tu corazón.

PARTE 13:
Corres por las calles de ese pueblo que guarda miles de momentos buenos para ti sin saber hacia dónde ir. Entonces recuerdas aquel lugar donde solías ir de pequeña, una pequeña casa de madera en un árbol cercano al río que cruza el pueblo.
Las lágrimas te nublan la visión y caes más de una vez al suelo dañándote las rodillas ensangrentadas por el corte con los cristales del vaso.
Subes rápidamente las escaleras que te llevan hasta ese fiel refugio y te acurrucas en una de las esquinas, donde hay un par de mantas pequeñas. Tu escuecen las piernas y gimes rompiendo el silencio de esa oscura noche de verano. Te tapas entera y dejas que las lágrimas caigan cada vez con más fuerza por tu rostro. Cierras los ojos y dejas que el cansancio te lleve a un mundo de sueños felices.
Te despiertas sobresaltada al oír que alguien grita tu nombre. No distingues quién es ya que hay varias voces más hablando.
-Lorena, si estás ahí contesta, por favor.
Callas y miras sigilosamente por uno de los ventanales para comprobar quién está ahí abajo aparte de tu geme. Le ves y sientes cómo tus ojos vuelven a humedecerse, pero no les dejas que suelten ni una sola lágrima.
¿Contestas?...

Verano en tu corazón.

PARTE 12:
-¿Vienes a bailar? - te susurra al oido consiguiendo que tu piel se ponga de gallina.
Te giras lentamente y le observas fijamente. Le tienes a escasos centímetros de ti y no puedes negar que estas deseando besar sus labios y parar así el tiempo.
Vuelves al mundo y coges las bebidas que el camarero te acaba de servir pesándole la suya. Te escabulles de su cuerpo y caminas hacia el reservado con él pisándote los talones. Y sonríes al ver que al menos, le importas un poco aunque sea solo eso.
-¿Vienes? - te vuelve a formular una vez que llegáis y te has sentado sobre uno de esos sofás.
-Ve tú. Ahora no me apetece, Víctor.
-¿Segura?
-Sí.
-Luego te veo, ¿vale?
Asientes y te quedas ahí observando cómo se aleja hacia la pista de baile.
Te preguntas por qué has rechazado ir a bailar con él, pero no tienes respuesta. Entonces, observas cómo una guarra se acerca a él y restriega todo su cuerpo sobre él a la vez que él le sigue el juego posando sus manos sobre sus caderas para ir bajando hacia sus nalgas.
Cierras los ojos con fuerza para reprimir esas lágrimas que están a punto de brotar de tus ojos, sin éxito alguno. Te secas bruscamente los ojos y pegas un trago a la bebida hasta acabar con ella.
¿Qué quiere conseguir haciendo eso? ¿Ponerte celosa? Pues que pare ya, porque lo ha conseguido. Achinas los ojos y miras hacia él con una rabia infinita.
¿Por qué soy tan gilipollas? Te preguntas a ti misma.
La rabia se apodera más y más de ti y no eres capaz de controlarla.
-¡Joder! - gritas a la vez que estrellas el vaso de la bebida contra el suelo cayendo sobre los cristales de éste sin parar de llorar.
Sientes unas manos rodeando tus hombros. Sabes quién es, así que, con un movimiento brusco lo apartas de ti y sales corriendo de allí bajo la atenta mirada de todo el mundo.
Estás hecha polvo y lo único que necesitas es un poco de soledad...

Verano en tu corazón.

PARTE 11:
Estáis sentado en los sillones blancos de uno de los reservados. Él, como no, está a tu lado, lo que hace que no dejes de estar ni un segundo nerviosa. Sientes que, al estar tu cuerpo en contacto con el suyo, puede sentir la tremenda velocidad que lleva tu corazón. Poco a poco, todos se van yendo a la pista a bailar, hasta que solo quedáis los dos.
Mueves el cuerpo levemente al compás de esa canción tan movida que te encanta, "Calor de Verano". Giras la cabeza y te topas con su mirada a escasos centímetros de la tuya mientras sonríe como un completo idiota. Tus colores aumentan y, buscas una escusa para salir de ese reservado y tranquilizarte aunque sea por momentos.
Te escusas diciendo que vas a por algo de beber a la vez que le preguntas si quiere algo él. Asiente y te pide un gintonic.
Sales de allí y caminas entre la multitud hasta la barra. Buscas un hueco y, cuando te atiende uno de los camareros, pides. Esperas apoyada de lado mientras miras al reservado. Es raro, pero entre tanta multitud  vuestras miradas se cruzan una vez más. Pero, entonces, alguien se pone en medio y dejas de verle ya que, cuando vuelves a mirar, no está.
Observas el local mientras sigues esperando tus bebidas cuando, de repente, sientes como alguien te rodea por la cintura. Intentas girarte pero él te lo impide. Es entonces, cuando reconoces quién es por su colonia...

Verano en tu corazón.

PARTE 10:
Llegáis donde habéis quedado. Le buscas con la mirada pero no está. Él es el único que falta. Muestras una sonrisa por si te están hablando mientras piensas en que quieres verle ya y observar qué sensación causas en él, ya que estás en ascuas desde que tu geme te ha dicho que le gustabas. ¿Para qué negarlo? Eso te ha causado una felicidad infinita y, aunque no te guste, sabes que estás empezando a sentir algo más que una simple atracción por él.
Entonces es cuando sientes el olor de su colonia cerca tuyo. Sí, con tan solo un rato junto a él, sabes perfectamente cómo huele. Te giras y contemplas como camina hacia vosotros con las manos en los bolsillos de sus vaqueros. Está guapísimo. Esa camisa gris oscuro le sienta de infarto y, además, marca su torso y espalda perfectamente. Está completamente violable. Te ríes ante tal burrada que acaba de pasar por tu cabeza y puedes ver cómo te sonríe. Sí, tal y cómo lo ves. Te está sonriendo a ti, solo a ti, con esa sonrisa perfecta que tiene.
Saluda uno a uno a todos hasta llegar a ti, ya que te ha dejado para la última. Todo el mundo está hablando, pero para ti, es como si sólo estuvieseis los dos. Sólo los dos.
Coge tu mano con cuidado y, con mucha delicadeza, deposita en ella un beso sin apartar de tus ojos ni un segundo su mirada. Sientes sus cálidos labios sobre tu piel y puedes sentir cómo tus rodillas fallan y temes caerte pero él, como buen caballero, te sujeta con fuerza entre sus brazos consiguiendo, así, llenarte de su olor.
-Estás preciosa - te susurra al oído apartando tu pelo de éste con absoluta delicadeza.
-Gracias - tartamudeas.
Se separa de ti y, de la mano, te lleva hasta el sitio donde vais a pasar las próximas horas...

Verano en tu corazón.

PARTE 9:
Un pequeño golpe en el cristal de tu balcón, hace que vuelvas a la realidad. Corres hacia éste y le abres. Te asomas nerviosa ya que no sabes a quién te vas a encontrar. Ahí está, es tu geme.
-¿Bajas?
-Sí, ya voy. Dame un segundo.
-Aquí te espero, no tardes mucho.
Entras a tu habitación y cierras las puertas del balcón. Coges un bolso pequeño y, tras despedirte de tu familia, sales de casa.
-Guau, estás preciosa, Lore.
-Gracias, Alicia, pero nada comparado contigo. ¡Estás espectacular!
-Anda, anda, no mientas tanto y contéstame una pregunta, ¿no te habrás puesto así de guapa por Víctor, no?
-¿Por quién? - intentas disimular, aunque sabes que no cuela, ya que tus coloretes rojizos te delatan.
-¡Pillina! Cómo sabía yo que te molaba.
-¿Qué dices?
-No puedes ocultármelo, lo sabes.
-Te estoy diciendo la verdad, Alicia.
-No te creo.
-Pues mira, haz lo que te dé la gana.
-Vale, vale, tranquilízate. Tal vez a ti no te guste, pero tú a él, seguro que sí.
-¿Tú crees?
-Por supuesto. Además, ¿qué más te da lo que yo piense? ¿No era que no te gustaba?
-Solo un poquito. Atracción.
-Claro, claro.
-Anda, vayámonos que llegamos tarde.
-Mira cómo cambias de tema, capullita...
Le coges del brazo y tiras de ella para que ande. Sabes que en realidad tiene razón, te gusta...

Verano en tu corazón.

PARTE 8:
Llegas a casa y te vas directa a la ducha tras saludar a tus abuelos.
Te desnudas lentamente y entras a la ducha. Das el agua caliente y dejas que caiga fuertemente sobre tu cuerpo para destensar todos tus músculos. Mientras, tu cabeza no deja de darle vueltas al mismo tema, Víctor. ¿Qué pasa entre los dos? Todo esto es muy extraño, no puedes negarlo. Sientes como si, con tan solo unos minutos con él, ya es necesario en tu vida como el respirar, y tienes miedo, miedo de que te estés enamorando y luego vuelvas a sufrir como la primera vez.
-¿Lorena? - escuchas a través del fuerte ruido del agua cayendo. Apagas el grifo y contestas.
-¿Sí?
-¡No tardes mucho!
-Vale, mamá.
Vuelves a encender el grifo y, mientras tarareas una de tus canciones favoritas, "Cheque al portamor" de Melendi, te enjabonas y aclaras.
Sales de la ducha y te envuelves en un par de toallas para caminar hasta tu habitación y vestirte. Entras y cierras la puerta tras de ti. Te diriges hacia tu maleta y la abres. Ahora llega la típica duda de siempre, ¿qué te pones? Revuelves toda la maleta dejando la ropa patas arriba, hasta que encuentras lo adecuado. Un vestido blanco palabra de honor de encaje. Dejas caer las toallas al suelo y posas el vestido sobre tu cuerpo mientras te miras al espejo. Tu pelo revuelto cae sensualmente sobre tus hombro dejando que las gotas de agua resbalen por tu espalda. Te encanta ese vestido y, además, te trae muy buenos recuerdos.
Te vistes y arreglas el pelo para después poner el toque final al look, los tacones. Coges unos sandalias marrones con encaje por las tiras y un tacón de infarto, y te los pones. Perfecta.
¿Le gustarás? Eso es lo que piensas, pero, inmediatamente, borras esa pregunta de tu mente como si fuera algo prohibido...

Verano en tu corazón.

PARTE 7:
-¿Lorena?
-¿Eh? - respondes volviendo al mundo tras dejar tus pensamientos a un lado.
-Tía, ¿en qué mundo estabas?
-Lo siento, no me encuentro muy bien - dices mintiendo.
-Ains... Estábamos hablando de que habíamos pensado ir esta noche a algún bar a celebrar tu regreso pero, si te encuentras mal, nada.
-Gracias por las intenciones, chicos.
-No las des, Lore.
-Entonces, ¿te vendrás?
-Supongo que sí, no quiero haceros el feo.
-No te preocupes, es preferible que estés bien a que vengas.
-Bah, no pasa nada. Me doy una duchita y me tomo alguna pastilla y estoy como nueva.
-¿Seguro?
-Sí, claro.
-Yo me comprometo a cuidar de ella toda la noche - dice Víctor dejándote con la boca abierta.
-Uy, uy, uy, aquí hay amor.
Te sonrojas sin poder evitarlo e intentas evitar su mirada por todos los medios posibles. Aún no entiendes qué es lo que te pasa con él. Es como si, al estar en contacto con él, una fuerte electricidad recorriese tu cuerpo y, cuando no estás tocándole, hay algo que te atrae hacia él, como si quisiera estar a cada segundo cerca de él. Inexplicable.
-Bueno, ¿nos vamos a preparar para la gran noche?
-¡Claro! - responden todos menos tú, que te quedas pensativa ahí sentada. Ves como alguien te ofrece la mano para ayudarte a levantar y es cuando reaccionas. Sin ni siquiera mirar quién es, agarras la mano con fuerza y haces impulso para levantarte. Es entonces cuando vuelves a sentir esa electricidad por tu cuerpo y levantas la cabeza. Ahí está, conquistándote con esa preciosa sonrisa...

Verano en tu corazón.

PARTE 6:
Tras dejar todo en casa, salís camino al parque, lugar donde se encuentran todos los demás. Estás nerviosa, nerviosa porque vas a volver a verlos, aunque lo mejor ya ha llegado, el rencuentro con tu geme. Con los demás, aunque te llevas genial con ellos, no es lo mismo.
Ahí están sentados en un corro sobre el césped. Se levantan y les saludas, uno a uno, hasta que llega alguien que nunca jamás habías visto pero, te llama la atención.
-Geme, este es Víctor. Víctor, esta es la famosa Lorena.
-Encantada - dices nerviosa tras darle dos besos. No sabes por qué pero, al rozar su piel, sientes una especie de electricidad recorriendo tu cuerpo. ¿Atracción? Sí, y algo más también.
-Lo mismo digo. Me han hablado mucho y muy bien de ti.
-¡A saber lo qué te habrán contado sobre mí!
-Chico, ¿venís? - os dice tu geme desde el corro.
-Sí, claro.
Comienzas a caminar hacia el corro y te sientas. Víctor toma asiento a tu lado y, cuando se está sentando, sientes su respiración en tu cuello. Tu piel se eriza y notas cómo tu cuerpo tiembla.
-Tenían razón cuando me dijeron que eras preciosa.
Giras la cabeza y contemplas sus ojos a escasos centímetros de los tuyos. Notas como te suben los colores y apartas la mirada tanto de sus ojos, como de su sonrisa.
Todos hablan, pero tú estás en otro mundo. No puedes sacarte de la cabeza lo que, hace unos momentos, te ha dicho Víctor...

Verano en tu corazón.

PARTE 5:
Ahí estás. Por fin has llegado a ese lugar donde has vivido las mejores vacaciones de tu vida año tras año.
Bajas del coche y caminas hasta el maletero para coger la maleta con una sonrisa en la cara porque en muy poco verás a tu geme. Entonces, sientes como unas manos tapan tus ojos y te sientes perdida. Intentas girarte para así, conseguir soltarte de esa persona que te está sujetando, pero no da resultado.
-¿Quién eres? - preguntas nerviosa. No responde pero, entonces, reconoces el olor de esa colonia. Es ella. - ¡Gemeeeee! - gritas a la vez que saltas. Consigues que destape tus ojos y la ves ahí. Te lanzas a sus brazos y sientes esa tranquilidad que te dan. Sientes como tus ojos se van cristalizando poco a poco ya que la echabas mucho de menos.
-Ey, no me llores, que me enfado, Lore.
-Vale, vale...
-Así me gusta. Por cierto, ¿cómo me has reconocido?
-Tu colonia.
-¿En serio?
-Sí. ¿No te lo crees?
-Me parece extraño.
-Después de verano tras verano contigo, al final sé hasta cómo hueles.
-Tienes razón porque yo también te reconocería por eso. Tu olor a vainilla es imposible de recordar.
-Jaja. Pues magníficamente que huelo.
-Si yo no digo que no.
-Ya, ya.
-Anda tonta, vamos a dejar todo esto en tu casa para ir a saludar a los demás, ¿te parece?
-Claro, ¡vamos!
Cogéis entre las dos la maleta y las mochila y os encamináis dentro de casa para dejar todo en tu habitación...

Verano en tu corazón.

PARTE 4:
Vas a cenar después de un rato y, a continuación, te metes en la cama ya que mañana será un día largo porque te toca madrugar para salir temprano hacia tu pueblo. Revisas Twitter y hablas por WhatsApp con la gente. Poco a poco, se te van cerrando los ojos. Posas el móvil sobre la mesilla y dejas que el sueño se adueñe de ti completamente.
- Seems like I'm breathing. Something that is on fire seems like we ended all before you were gone. Seems I'm not ready to walk on the fog... (HeartBreaker - Auryn) -
Apagas la alarma y te frotas los ojos para despertarte. Te levantas de la cama y escoges la ropa que vas a ponerte. Unos shorts verde pistacho, una básica negra y las Vans negras. Camina hasta el baño y te das una ducha relajante y que, a la vez, te despierte. Lista. Te vistes, peinas y maquillas y después desayunas. Terminas de meter las cosas que te faltan en la maleta y, cuando están tu madre y tu hermana listas, salís de casa. Montáis en el coche rumbo a unas vacaciones que, sin que lo sepas, marcarán tu vida...

Verano en tu corazón.

PARTE 3:
Ese peluche va empapándose poco a poco con tus lágrimas. Cómo desearías que estuviera ahora mismo a tu lado regalándote uno de esos abrazos que te reconfortan. Pero no está y te toca saber vivir así.
Entonces, tu móvil comienza a sonar y, al ver el nombre de la persona que te está llamando, sonríes inmediatamente.
-¡Geeeeme! - gritas antes de que le de tiempo a hablar - Hola... Bueno, de bajón, ¿y tú?... Sergio. Me alegro, vida... Sí, otra vez... Lo intento pero es que... Le echo de menos, Alicia... Me queda el consuelo de que, por fin, mañana podré abrazarte de nuevo... Lo sé, ¡ganitas inmensas!... Jaja, te quiero, recúerdalo siempre, ¿sí?... Muak.
Cuelgas y te quedas mirando la pantalla del móvil. Es imposible de expresar cuánto la echas de menos. Mi geme... Ains. Ella siempre ha estado y está ahí siempre que la has necesitado. Es increíble cómo se puede querer a alguien tantísimo.
Vuelves a la realidad cuando la puerta de tu habitación se abre tras un suave golpe en ella. Giras la cabeza y la ves. Ahí está, tu hermana pequeña.
-¿Puedo pasar, tata?
-¡Claro! Ven, siéntate aquí a mi lado.
Camina hacia ti dudosa y se sienta sobre tus piernas.
-¿Qué haces?
-Preparo la maleta. ¿Quieres ayudarme?
-¡Vale!
Comenzáis a terminar de preparar la maleta hasta que, tu hermana, se fija en el peluche que reposa sobre tu cama.
-¡Qué chulo!
-¿Te gusta?
-Sí, ¡mucho! ¿Puedo quedármelo?
-Te lo regalaría, peque, pero los regalos, no se pueden regalar...
-Jo... Bueno, no pasa nada, ¡yo tengo a mi Bobete!
-Jaja, ¿me dejas solita un rato?
-Sí, voy a cuidar a Bobete.
Te da un beso en la mejilla y sale de la habitación dejándote sola con tus pensamientos...

Verano en tu corazón.

PARTE 2:
Llevas varios minutos realizando la misma acción y ya te cansa. Mirar la ropa del armario. Escoger camisetas, pantalones, vestidos, faldas, chaquetillas, leggins y blusas. Sacarlo del armario. Meterlo en la maleta. Volver al armario. Mirar la ropa del armario...
Te sientas en el suelo mientras contemplas la maleta, prácticamente a rebosar, y apoyas tu cabeza en tus piernas. Después de unos minutos así, te levantas y vuelves al armario. Sacas la ropa que queda en una de las baldas del armario y entonces, lo ves.
Ahí sigue ese pequeño perrito de peluche que sostiene un corazón en el que hay escrito un "I love you". Recuerdas cuando te lo regaló. Hace más de un año desde que lo dejasteis y, desde entonces, no has levantado cabeza. Tu corazón, ahora, está recubierto por una coraza de espinas ya que tiene miedo al amor. Miedo a volver a ser herido con falsas palabras, falsas promesas, falsas ilusiones.
Estiras la mano y lo coges. El día en que lo metiste ahí, entre la ropa, para no verlo y, así, no recordarle constantemente, viene a tu mente como un recuerdo lejano, cuando para ti, aún, está reciente.
Lo abrazas cariñosamente y pegas tu nariz a él. Sin apenas esforzarte, recuerdas su olor. Ese olor que llevarás grabado en tu mente el resto de tu vida.
Recuerdas sus abrazos, sus besos, sus caricias, sus "te quiero", su aroma, su sabor, vuestras peleas, vuestras reconciliaciones... Recuerdas cómo te hacía sentirte única con sus palabras, cómo tocabas el cielo con la punta de los dedos al hacer el amor con él, cómo te juraba que lo vuestro sería eterno, cómo te despertaba con cosquillas esos días en los que, con la escusa de ir a la casa de campo de una amiga, dormíais juntos. Mil y una cosa que solo él podía darte. Ahora todo se acabó. Ya no existe esa persona que llenaba tu corazón. Ahora estás vacía...

Verano en tu corazón.

PARTE 1:
Se acaba el instituto y, por fin, comienza el esperado verano.
Tienes tu música en los cascos a tope. Es una forma de, así, evadirte del mundo. Mueves tu cuerpo al ritmo de cada canción hasta que llega esa canción que tanto te motiva, "Wake me up" de Avicii. Pegas un salto y te subes a la cama. Cantas la canción mientras bailas sobre la cama hasta que tu madre te interrumpe. Paras en seco y te quitas los cascos para ver qué es lo que te estás diciendo.
-¿Tú te crees que estamos como para comprar otro colchón? ¡Baja de ahí inmediatamente si no quieres quedarte todo el verano aquí sola!
La verdad es que es una oferta tentadora. Tu casa para ti sola todo el verano. Muy tentador. Pero, prefieres millones de veces más ir al pueblo todo el verano. ¿Por qué? Porque estás con tus chicas a las que llevas meses sin ver. Cada verano junto a ellas es magnífico y no quieres perder este. Bajas de un salto de la cama y te cruzas de brazos.
-Deja de hacer el tonto y ponte a preparar la maleta, que ya eres mayorcita.
Sale de tu habitación y das una patada a la maleta haciéndote daño en el pie, ya que estás descalza. Hay veces en las que tu madre te pone de mal humor. Para lo que le da la gana eres mayorcita, solo para eso. Que ya tienes 17 años, ¡joder! Libertad e intimidad. Lo único que pides. ¿Tan difícil es de entenderlo?
Suspiras y colocas la maleta sobre la cama para comenzar a meter en ella todo lo necesario...

miércoles, 2 de octubre de 2013

Él.

PARTE 10:
Coge la cajita que, aún, tienes entre las manos y se arrodilla ante ti para decirte de nuevo esas palabras, las mejores que jamás podrás escuchar.
-Silvia, sé que no he sido el mejor novio del mundo y te he hecho mucho daño pero, quiero pedirte una nueva oportunidad para intentar rectificar todos esos fallos que he cometido. Te quiero como el primer día, mi amor jamás se acabará porque tú, con tan solo una sonrisa, lo alimentas. No te puedo regalar la luna, pero sí miles de te quieros sinceros... ¿Quieres casarte conmigo?
-Te lo he dicho antes y te lo repito ahora una y mil veces si hace falta, Pablo. ¡Sí quiero!
Das un salto y te subes encima suyo para después comerle lentamente a besos. Te bajas de él y sales corriendo de la habitación para llegar al salón. Abres las ventanas y dejas que la suave brisa agite tu pelo. Respiras el aire y te giras para mirarle.
-Ven. Acércate. Gritemos juntos al mundo que nos amamos.
Le coges la mano y le conduces hasta la ventana donde, segundos antes, estabas tú. Le sonríes y te asomas a la ventana. Contemplas el cielo azul y gritas. Gritas al mundo, sin miedo a mostrar lo que sientes.
-¡Sí quieroooooooooooo!
Te calla a besos aunque tú intentas escabullirte para poder seguir gritando. Tropezáis y caéis sobre el sofá. Te ríes y le besas. Tienes muy claro que le amas.
Ser su esposa, ¿quién te lo iba a decir?

[...FIN...]

Él.

PARTE 9:
Te lanzas a sus brazos como acto reflejo, dejando que tu rostro se hunda en su pecho empapándolo de lágrimas llenas de felicidad. Pero no una felicidad cualquiera. No. Es una felicidad infinita, como vuestro amor.
-Nena no me llores. No me vayas a hacer llorar a mí también. Dame, dame tu mano. Inténtalo, mi niña. Quiero verte reír...
Te susurra al oido lentamente esa pequeña parte de "Te quiero" de Hombres G, una de tus canciones favoritas. Aunque a muchas personas no les guste, creciste con esa canción y, la letra, te marca sin poder evitarlo.
Le miras con los ojos vidriosos y, él, aparta con cuidado esos mechones de tu pelo que, rebeldes, se han pegado a tu cara por las lágrimas. Sonríes y te acercas a él despacito hasta posar tus labios en los suyos. Después, acurrucas tu babilla en su hombro y susurras en su oido las palabras mágicas.
-Sí quiero.
-¿De verdad?
-Sí quiero, Alberto. Quiero ser esa persona que, eternamente esté a tu lado en lo bueno y lo malo. Quiero despertar cada día a tu lado. Quiero ser tu medicina, tus silencios y tus gritos, tu ladrón, tu policía, tu jardín con enanitos. Quiero ser la escoba que en tu vida barra la tristeza. Quiero ser tu incertidumbre y sobre todo, tu certeza. Y es que yo quiero ser la que nunca olvida tu cumpleaños. Quiero que seas mi rosa y mi espina aunque me hagas daño. Quiero ser tu carnaval, tus principios y tus finales. Quiero ser el mar donde puedas ahogar todos tus males...
Dejas de cantar al sentir su llanto y secas con delicadeza las lágrimas que brotan de sus preciosos ojos. Sabes que le encanta Melendi, y más esa canción. Te abrazas a él y permanecéis así hasta que él se separa de ti para hacerlo todo más bonito de lo que ya es...

Él.

PARTE 8:
Te coge en brazos como si fueras una recién casada y te tumba sobre la cama, después, coge una pequeña caja que hay sobre la mesilla de noche. Te la ofrece a la vez que se sienta sobre la cama a tu lado. Sonríes y tomas la caja cuidadosamente. Vas a abrirla pero, antes, le das un beso.
-Gracias - susurras en su oido inmediatamente después de darle ese beso.
-¿Por qué me das las gracias antes de saber qué es, boba?
-Porque sé que, sea lo que sea, me encantará tanto como tú.
-Umm, pues si lo hubiera sabido no te hubiese comprado nada... Ahora tendré competencia.
-Bobo, en mi corazón solo hay espacio para ti. Solo para ti.
-Te amo.
-Yo también te amo.
Sonríe y sonríes. Abres lentamente la cajita y te encuentras algo que jamás esperaste encontrar a tus 22 años. Le miras con los ojos como platos y él, a modo de respuesta, solo te sonríe.
Sabes que vas a llorar. Solo faltan esas palabras, la guinda final del pastel.
Te tiembla el cuerpo entero y, cuando ves cómo abre la boca y empieza a gesticular esas palabras, sientes cómo, lágrimas de emoción y felicidad, comienzan a caer por tus mejillas...

Él.

Parte 7:
Al final, acabáis los dos por los suelos con un dolor de tripa terrible de tanto reíros. Le abrazas y te acurrucas en su pecho. Ambos miráis hacia el techo donde, desde el día en que cumplisteis un mes, hay una fotografía gigante de vosotros dos sonriendo mientras os besabais.
Recuerdas aquel momento como si fuera hoy mismo. Habíais quedado para dar una vuelta por un parque muy bonito que hay cerca de tu piso. Te sorprendió con una cena "picnick" en un lugar apartado de miradas indeseadas. Todo fue precioso y, más, cuando sacó un pequeño regalo para ti. Era una pulsera de plata de ley con una inscripción. "Quiero vivir un infinito junto a ti". Te lanzaste a sus brazos y le besaste sin dejar de sonreír, fue ese el momento en el que, un pequeño fotógrafo que pasaba por allí, os vio y decidió captar ese momento tan bonito. Al cabo de unos días, descubristeis la foto en un blog. No os lo podíais creer, pero no dudasteis en guardar esa foto. Y ahora, ahí está. Jamás pensaste en quitar esa fotografía de ahí, aunque lo vuestro no se arreglase nunca.
-Boba, ¿quieres saber qué es lo que tengo para ti?
-¿En serio me lo preguntas?
-No quiero suponer tu respuesta.
-¿Dudas que es un sí?
-No. Pero quiero escucharlo de tu boca.
-Sí quiero.
-Puedes besar a la novia.
-¿A qué esperas para besarme?
Te tumbas sobre él y le besas lentamente, iniciando una pequeña tortura para él. Te separas de sus labios y observas esa preciosa sonrisa que inunda su rostro. Es TAN perfecta...
-Estas cosas son las que me gustan tanto de ti, Silvia. Pequeños detalles que me hacen el hombre más feliz de la Tierra.
-Te amo, Pablo.

Él.

PARTE 6:
Te emocionan sus palabras, lo que provoca que una tímida lágrima se deslice por tu rostro. Te la seca cuidadosamente y, después, te regala un tierno beso. Esos pequeños detalles que solo vives junto a él. Esos son los que te hacen estar cada día más y más enamorada de él, si eso es posible.
-Pequeña, tengo una cosita para ti...
-Pero...
-Espérame aquí, ahora vuelvo.
Observas cómo se levanta de la cama y camina desnudo por la habitación hasta salir de ésta y desaparecer de tu vista.
Sonríes. No puedes evitar hacerlo. Es algo que te sale solo al estar con él. ¿Motivo? Él es quien causa tu felicidad. Solo él.
-Ya estoy aquíiiii - dice medio cantando. No canta mal, pero le sale un gallo y eso hace que comiences a reírte sin parar. Te mira con los ojos como platos y, esa cara que para ti es graciosa, hace que te rías más y más hasta que no puedes con el dolor de tripa que tienes, aunque eso no impide que sigas riendo. Al fin logras calmarte, y él te aplaude pero, entonces, te entra el hipo y es él quien comienza a reírse.
Si alguien os viese en estos momentos, pensaría que estáis locos. Muy locos...

Él.

PARTE 5:
Levantas la cabeza con cuidado y contemplas su preciosa sonrisa situada a escasos centímetros de tus labios y sonríes como una idiota. Idiota, sí. Una idiota por amor. No puedes negar que echabas de menos todo eso, cada pequeño detalle que te hace sonreír de verdad, no forzando la sonrisa.
Acercas su rostro con cuidado hacia el tuyo. Quieres acortar todas las distancias y sentir que no hay nada entre vosotros. Juntas sus labios a los tuyos y en medio del beso, sientes su sonrisa. Te encanta. Te encanta que sonría en medio de cada beso, es una forma de demostrar que siente de verdad esos besos.
-Me encantas - le dices. Sonríe y comienza a reírse sin motivo alguno, lo que provoca que tus mofletes cobren un color rojizo al no saber la causa de su risa. Te giras dándole la espalda y te cruzas de brazos poniendo morritos como si, en vez de 22 años, tuvieras 2 años.
Sientes como te rodea por la cintura y te atrae hacia él encajando su cuello en tu hombro. Tu piel se pone de gallina aunque tu te opones a ello ya que no quieres rendirte tan fácilmente y, sabes que él se ha dado cuenta aunque intente hacer como si nada, dado que sus cuerpos desnudos simplemente están separados por una fina sábana de lino.
-Tú me encantas hasta enfadada, boba. Eres mi mundo entero. No te vayas nunca de mi vida, por favor...