domingo, 20 de octubre de 2013

Verano en tu corazón.

PARTE 15:
-¿Vamos? - Te dice señalándote la puerta con la cabeza. Asientes sabiendo que en cuanto bajes tendrás que enfrentarte a él ya que te preguntará por qué estás enfadada con él.
Bajas las escaleras lentamente hasta posar tus pies sobre el suelo.
Ahí está, mirándote angustiado.
-¿Estás bien, Lorena?
Ignoras su mirada y sus palabras, y ayudas a terminar de bajar a tu geme.
-¿Nos vamos a casa? - preguntas ya que de lo único que tienes ganas es de perderte bajo las suaves sábanas de tu cama y desahogar todos tus sentimientos sobre la almohada. Comienzas a andar lentamente hasta que sientes que te alcanzan pero, sin previo aviso, alguien te agarra fuertemente del brazo para girarte. Él, cómo no.
-Tú no te vas a ningún lado hasta que no me digas qué es lo que te pasa conmigo.
-Suéltame - dices cortante mientras intentas deshacerte de él sin éxito alguno.
-No hasta que no me lo digas.
-¿Tanto te importa?
-Sí.
-Claro. Y pretendes que te crea, ¿no?
-¿Por qué no ibas a creerme?
-¿De verdad me lo preguntas?
-Sí, te lo pregunto.
-Ahora, cuando me ves destrozada es cuando vienes a preguntarme qué es lo que me pasa. Claro, como ya no tienes a la guarra esa ocupando tu primer plano, te preocupas de mí.
-¿Qué coño estás diciendo?
-Lo que oyes, Víctor. No te hagas el tonto. ¿Qué quieres que te quite yo el calentón que te ha dejado esa? ¡Pues vas por mal camino porque yo no soy ninguna fresca!
-Cállate y piensa lo que dices, por favor.
-¡No! ¡No me da la gana! ¡Estoy harta de ti y de tus es...!
Entonces, sientes sus labios sobre los tuyos ahogando tus gritos y, sin saber por qué, le apartas de ti furiosa dándole un cachete. Se lleva la mano a la mejilla sobre la que segundos antes ha impactado tu mano y es cuando realmente eres consciente de lo que acabas de hacer.
Dejas que tu cuerpo caiga al suelo como si fuese una pluma y tapas tu cara con tus manos para que no te vea llorando.
Piensas en lo gilipollas que acabas de ser al darle ese cachete ya que, ese beso, era algo que llevabas deseando desde que le conociste.
Entonces sientes su brazos envolviéndote fuertemente y, acto seguido, sientes su aliento en tu cuello.
-No llores, preciosa.
Y con ello, lo único que consigue, es que tu llanto aumente...

No hay comentarios:

Publicar un comentario