domingo, 29 de septiembre de 2013

Contra el amor no se puede luchar.

PARTE 4:
La mente me dice una cosa y el corazón otra. No quiero hacer daño a Marina con mi decisión, no después de todo lo que ha hecho ella siempre por mí. Ella siempre ha estado ahí pasara lo que pasase y... No, no puedo hacerle daño, eso lo tengo claro.
La miro y veo como, de sus ojos, empiezan a nacer las primeras lágrimas. La abrazo tierna y fuerte mente impidiendo que esa lágrimas empiecen a caer. No puedo verla llorar. No, no puedo. Debo terminar ya con todo el sufrimiento que la estoy causando, porque, sino, no me lo perdonaré nunca.
-Te quiero - la susurro al oído - Perdóname por todo el daño que te he causado. He sido un auténtico gilipo...
-Shhh - me dice antes de callarme a besos.
La quiero, sí. Y, no sé cómo he podido ser tan estúpido como para dudarlo.
Jamás volverá a pasar esto, me juro a mí mismo.
La separo unos milímetros de mí, los suficientes como para poder mirarla a los ojos y la susurro unas palabras que cumpliré por siempre.
-Esto es para siempre, mi niña.

[...FIN...]

Contra el amor no se puede luchar.

PARTE 3:
La verdad es que no sé si ir a hablar con Marina o qué hacer... No cero que eso sirva de mucho, sinceramente, ya que, ahora, no va a querer escucharme.
Me quedo tumbado sobre el sofá envuelto en mis pensamientos, aunque si os digo la verdad, en lo único que pienso es en Alicia. No puedo sacármela de la cabeza, me resulta imposible.
Entonces, oigo unos pasos. Me giro y veo a Marina. Tiene los ojos todos rojos y, aún, sigue llorando. Entra en la cocina sin ni siquiera mirarme y, a los pocos segundos, sale con un vaso de agua.
-Miguel...
Me giro asombrado y la veo ahí parada.
-Dime, Marina...
-¿Podemos hablar?
-Claro, cielo.
-No vuelvas a llamarme así, al menos, no por ahora...
-Está bien...
Paso con ella al dormitorio y nos sentamos sobre la cama.
-Miguel... La verdad es que yo no sé qué decirte... Te estaría mintiendo si te digo que no me ha dolido que lo hicieras conmigo pensando en otra, pero...
-Lo siento...
-Déjame acabar, por favor... Dicen que por amor se hacen muchas locuras y, seguramente, lo que vaya a hacer sea una... Quiero darte otra oportunidad... Si tú quieres, claro...
La miro hecho un lío. No sé qué decirle... Tal vez lo que vaya a hacer ahora no sea lo correcto, pero debo hacer caso a mi corazón...

Contra el amor no se puede luchar.

PARTE 2:
-Hola, cielo - digo entrando por la puerta de casa.
-Miguel, ¿ya estás aquí?
-Sí.
Voy hacia ella y la beso con ternura. Me separo y la miro. Está guapísima con esa camisa mía puesta. Sonrío y me siento en el sofá. Segundos después, ella está sentada sobre mí dándome suaves besos por el cuello.
-Marina...
-Lo necesito, Miguel...
-¿El qué, cielo? - la miro y veo cómo sonríe pícaramente.
-Ser tuya - me dice mientras desabrocha lentamente la camisa. ¡Woww! Está completamente desnuda. Se va deshaciendo de mi ropa con lentitud hasta que no puedo más y la tumbo sobre el sofá mientras me quieto los pantalones y los bóxers rápidamente. Beso su cuerpo delicadamente, como si fuera una muñeca de porcelana mientras la hago mía.
-Te quiero - me dice entre gemidos. Aumento el ritmo y me entrego a ella completamente segundos antes de cometer el error más grande de toda mi vida.
-Alicia - digo suspirando después de haber llegado a lo más alto.
-¿Alicia? - me mira extrañada - ¿Esa no era la puta de tu ex?
Se levanta del sofá y sale corriendo al dormitorio. Mierda. ¿Por qué he sido tan estúpido?

Contra el amor no se puede luchar.

PARTE 1:
Camino por las calles del centro de Barcelona en busca de una idea sobre qué puedo regalarle a mi chica en unos días por esos, ya, tres meses.
-¿Miguel?
Me giro y la contemplo. Es ella. Mi ex. Siento cómo mi corazón se acelera al verla caminando hacia mí y, por un momento, pienso que la sigo queriendo. No. Es imposible. Lo dejamos hace más de un año cuando me enteré de que me estaba engañando con otro y no he vuelto a saber de ella hasta ahora. Está cambiada, pero igual de guapa que siempre.
-Hola, Miguel - me dice dándome dos besos - ¿Qué tal?
-Hola, Alicia. Bien, ¿y tú?
-Me alegro. Bien, también.
-¡Alicia!
-Hola, cielo. Mira, este es Miguel, un amigo. Miguel, este es Raúl, mi novio.
-Encantado - me dice Raúl dándome un apretón de manos.
-Lo mismo digo.
-Bueno, Miguel, nosotros nos vamos que tenemos que hacer cosas, ¿verdad que sí, cielo?
-Sí.
-Un placer haber vuelto a verte.
Se acerca a mí y me da dos besos, el último sobre la comisura de los labios.
-Adiós... - digo mientras veo cómo se aleja. Estoy hecho un lío. Pensaba que ya no la quería, que la había superado y que había vuelto a encontrar el amor en mi chica, pero parece ser que me equivocaba. Suspiro y me encamino hacia mi casa. Ahora mismo, solo tengo ganas de tener a Marina entre mis brazos diciéndome que me quiere para olvidarme de esa reencuentro con Alicia... 

¿Quieres casarte conmigo?

PARTE 3:
Le cojo de la mano y salimos del hotel. Me paro en seco ya que no sé dónde ha quedado con los nuevos amigos que hemos hecho aquí, y le miro.
-Un segundo, cielo, que me están llamando.
Contemplo cómo se aleja hasta que le pierdo de vista. ¿Dónde se ha metido? Entonces, siento sus manos sobre mis caderas. Voy a girarme pero es más rápido que yo y me tapa los ojos con un pañuelo. Mierda. ¿Qué se propone?
-Tranquila, amor, y perdóname por haberte mentido.
Me coge de la mano y me lleva cuidadosamente por sitios que no puedo ver. De repente, oigo un fuerte ruido que se hace más y más fuerte a medida que seguimos andando. Un fuerte viento despeina mi cabello y estoy asustada. Aprieto fuertemente su mano hasta que la suelta. Me siento desprotegida, pero solo por unos segundos, ya que siento sus manos quitándome el pañuelo.
Abro los ojos y veo un helicóptero enfrente de mí. Le busco con la mirada y le encuentro dentro de éste ofreciéndome su mano. No entiendo nada, pero camino hacia él y me agarro fuertemente a su mano para subir al helicóptero.
-Confía en mí - me susurra el oído mientras me abraza.
El helicóptero despega y comienza a sobrevolar una de las playas. Contemplo las vistas hasta que Alex me pide que aparte la mirada de la playa. Le miro y me sonríe nervioso.
-Cielo... Son casi tres años junto a ti y... Uff, no sé cómo decírtelo.
Estoy nerviosa, la verdad, ya que no sé qué es lo que quiere decirme aunque algo dentro de mí me dice que se va a cumplir mi sueño de ser su mujer. Respiro hondo y le cojo las manos.
-Tranquilo, Alex, ¿qué pasa?
-Mira a la playa...
Y eso hago. Me pongo a llorar como una niña al ver que sí, que tenía razón. Un precioso "¿Quieres casarte conmigo?" formado por velas, ocupa la playa. Es increíble. Me lanzo a sus brazos y le beso.
-¡Eso es un sí?
-Sí, sí, sí, sí, sí, sí y mil veces sí, Alex.
-Te amo, Leyre.
Y entonces, saca una cajita de terciopelo azul y la abre. Coge el anillo y me lo pone. Sigo llorando mientras me besa dulcemente. Ser su mujer. Un sueño que se va a cumplir en poco tiempo...

[...FIN...]

¿Quieres casarte conmigo?

PARTE 2:
He optado por ir a una de las playas cercanas al hotel que más solitaria está ya que, en estos momentos, necesito pensar. Estoy hecha un lío de pensamientos. No entiendo nada. ¿Por qué Alex no ha querido venir conmigo a la playa? No sé qué es lo que tiene que hacer, pero, sin quererlo, empiezo a pensar lo peor.
Me siento en la arena cerca de los acantilados ya que ahí, es donde, en estos momentos, hay sombra. Extiendo la toalla y me tumbo en ella tras quitarme el vestido y las sandalias. Saco "No sonrías que me enamoro", el último libro de Blue Jeans, de mi bolso de playa, y comienzo a leerlo.
Han pasado un par de horas y ya me he terminado el libro, así que, decido ir a darme un baño. Voy metiéndome poco a poco en el agua hasta que me llega por la cintura. Está fría, pero se está bien. Adoro estas playas de arena fina y aguas turquesas.
De repente, siento como alguien me rodea por la cintura y se acerca a mi oído para susurrarme un "te quiero". Giro la cabeza y le miro sonriente para, después, obsequiarle con un beso salado.
-¿Qué haces aquí? - le digo mirando hacia el infinito.
-He venido a por ti. Estaba preocupado, llevas muchas horas aquí.
Me giro y rodeo su cuello con mis manos. Le miro a los ojos y sonrío. He sido una tonta el pensar que podía estar engañándome con otra.
-Te quiero, Alex - y, tras decirle esto, le beso. Me coge en brazos y me saca del agua para tumbarme sobre la toalla. Apoya sus rodillas sobre la arena y se inclina sobre mí para besarme lentamente, despertando en mí esas ganas de ser suya.
Se separa y me mira pícaramente. Le miro sin entender nada, a lo que responde recogiendo las cosas y comenzando a caminar hacia el hotel. No entiendo nada, pero me levanto rápidamente y le sigo.
-¡Alex! - grito intentando hacer que me espere, pero no me hace caso. Comienzo a correr hasta llegar a su lado y le cojo por el brazo haciendo que se pare.
-Eh, Alex... ¿Qué pasa?
-No pasa nada, Leyre, de verdad.
-¿Entonces?
-Tenemos prisa.
-No entiendo nada, Alex...
-Hemos quedado con unos amigos en una hora...
-¿No me mientes?
-¿Por qué iba a hacerlo?
-Te quiero.
-Sabes que yo también te quiero, Leyre.
Le sonrío y le doy la mano para comenzar a andar hacia el hotel.
-Vamos, cielo, solo tenemos cinco minutos.
-¡Voy! - digo acabando de pintarme los labios de rojo. Salgo del baño y le veo poniéndose bien la corbata. Está guapísimo con ese traje negro que se ha puesto.
-Guau, estás preciosa...
-¿Te gusta? - digo dando una vuelta sobre mí misma para que pueda contemplarme. Llevo una falda gris de tubo con una blusa blanca metida por dentro y unos tacones de infarto, negros.
-Me encanta, uff.
-¿Qué pasa, tonto?
-Vas así adrede, que te conozco.
-Así, ¿cómo? - digo desabrochándome uno de los botones de la blusa. Sé a lo que se refiere. Se me trasparenta el sujetador de encaje negro que llevo puesto.
-No me tientes, Leyre...
-Vamos, anda.

¿Quieres casarte conmigo?

PARTE 1:
Otro día más despertando a su lado. Estoy tumbada sobre su pecho y me tiene abrazadita. Estas dos semanas que estamos teniendo de vacaciones en esta isla, están viniéndonos muy bien.
Miro la hora. Las tres de la tarde. El salir de fiesta hasta las tantas, nos ha pasado factura.
Decido despertarle ya, así que, comienzo a darle suaves besos por el cuello, su debilidad. Abre los ojos y, al verme, sonríe. Le devuelvo la sonrisa y. tras darle un pico, me levanto de la cama.
Camino moviendo exageradamente mis caderas por la habitación de hotel hasta el baño, dejando que contemple mi cuerpo desnudo. Antes de entrar al baño, me giro y le guiño un ojo. Sé a lo que llevarán todas estas provocaciones que le estoy haciendo, pero me da igual.
Me meto en la ducha y dejo que el agua caliente caiga sobre mi cuerpo. Cierro los ojos y me pierdo en la suave melodía que llega hasta mis oídos y proviene del caset que he puesto.
El ruido de la puerta abriéndose, me devuelve a la realidad. Abro los ojos y le veo ahí, asomando su cabeza por entre las puertas de la ducha.
-¿Puedo?
-No, tonto.
-Por fi... - me dice poniendo carita de niño pequeño. Imposible decirle que no.
-Está bien...
Entra y, tras cerrar las puertas, me da un beso apasionado.
-Alex...
-Dime, cielo.
Se muerde el labio inferior a la vez que me rodea por la cintura y me acerca a él. Uff. Ya sé cómo va a terminar esto. No puedo resistirme a él. Me dejo llevar por sus besos y caricias hasta ser suya.
Salgo de la ducha y me visto. El bikini rosa fosforito que destaca sobre mi piel morena y, encima, un vestido blanco con unas sandalias romanas.
-¿Vienes?
Me giro y le contemplo. Está apoyado en el marco de la puerta del baño observando mis movimientos con una simple toalla blanca de hotel atada en la cintura. Dios, ¿cómo puede ser tan atractivo? Llevamos casi tres años y aún sigue causando en mí esa sensación de tener mariposas en la tripa.
-No...
-Jo.
-Tengo que hacer unas cosillas, cielo. Prometo recompensártelo.
-Está bien...
Camina hacia mí y me rodea de la cintura por detrás. Me giro y le miro a esos preciosos ojos verdes que tiene.
-Te quiero, Leyre.
-Te quiero, Alex.
Nos besamos y, tras coger mi bolso de playa, salgo de allí para dirigirme a una de las bonitas playas que hay en esta isla...