PARTE 1:
Otro día más despertando a su lado. Estoy tumbada sobre su pecho y me tiene abrazadita. Estas dos semanas que estamos teniendo de vacaciones en esta isla, están viniéndonos muy bien.Miro la hora. Las tres de la tarde. El salir de fiesta hasta las tantas, nos ha pasado factura.
Decido despertarle ya, así que, comienzo a darle suaves besos por el cuello, su debilidad. Abre los ojos y, al verme, sonríe. Le devuelvo la sonrisa y. tras darle un pico, me levanto de la cama.
Camino moviendo exageradamente mis caderas por la habitación de hotel hasta el baño, dejando que contemple mi cuerpo desnudo. Antes de entrar al baño, me giro y le guiño un ojo. Sé a lo que llevarán todas estas provocaciones que le estoy haciendo, pero me da igual.
Me meto en la ducha y dejo que el agua caliente caiga sobre mi cuerpo. Cierro los ojos y me pierdo en la suave melodía que llega hasta mis oídos y proviene del caset que he puesto.
El ruido de la puerta abriéndose, me devuelve a la realidad. Abro los ojos y le veo ahí, asomando su cabeza por entre las puertas de la ducha.
-¿Puedo?
-No, tonto.
-Por fi... - me dice poniendo carita de niño pequeño. Imposible decirle que no.
-Está bien...
Entra y, tras cerrar las puertas, me da un beso apasionado.
-Alex...
-Dime, cielo.
Se muerde el labio inferior a la vez que me rodea por la cintura y me acerca a él. Uff. Ya sé cómo va a terminar esto. No puedo resistirme a él. Me dejo llevar por sus besos y caricias hasta ser suya.
Salgo de la ducha y me visto. El bikini rosa fosforito que destaca sobre mi piel morena y, encima, un vestido blanco con unas sandalias romanas.
-¿Vienes?
Me giro y le contemplo. Está apoyado en el marco de la puerta del baño observando mis movimientos con una simple toalla blanca de hotel atada en la cintura. Dios, ¿cómo puede ser tan atractivo? Llevamos casi tres años y aún sigue causando en mí esa sensación de tener mariposas en la tripa.
-No...
-Jo.
-Tengo que hacer unas cosillas, cielo. Prometo recompensártelo.
-Está bien...
Camina hacia mí y me rodea de la cintura por detrás. Me giro y le miro a esos preciosos ojos verdes que tiene.
-Te quiero, Leyre.
-Te quiero, Alex.
Nos besamos y, tras coger mi bolso de playa, salgo de allí para dirigirme a una de las bonitas playas que hay en esta isla...
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